«Niño por Nacer”: una mirada médica y humana del embarazo

miércoles, 25 de marzo de 2026

25/03/2026 – En el marco de la fiesta de la Anunciación —que celebra la encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María— la Iglesia vuelve a poner en el centro el valor de la vida humana desde su concepción. Esta fecha, que también coincide con el Día del Niño por Nacer, invita a una reflexión profunda sobre la dignidad de toda vida y los desafíos culturales, sociales y políticos que hoy la atraviesan.

Tal como lo expresa el mensaje del Secretariado Nacional para la Pastoral del Cuidado de la Vida Naciente, “esta fecha nos recuerda tantas formas gravísimas de violación a la dignidad humana en su etapa de gestación: el aborto, la maternidad subrogada, el congelamiento de embriones humanos y el abandono de madres en situación de vulnerabilidad. Todo ello, en conjunto, debilita y oscurece la conciencia ética sobre la sacralidad de cada vida humana, poniendo en riesgo no solo a cada persona sino a la sociedad toda”.

En este contexto, el dirigente y referente provida, Rodrigo Agrelo aportó una mirada crítica sobre la realidad actual, especialmente en la provincia de Córdoba y en la Argentina. En una reflexión extensa, advirtió sobre la gravedad de la situación y el impacto social de las prácticas abortivas: “Una sociedad no puede eliminar a sus miembros más débiles del modo en que lo está haciendo si quiere llamarse una sociedad civilizada. Vos imaginá un paralelo: si en Córdoba murieran miles de chicos por año en hospitales, sería un escándalo. Sin embargo, estamos hablando de cifras oficiales que muestran miles de abortos anuales. Entonces uno se pregunta si es posible hablar de progreso cuando ese mismo progreso parece incompatible con la bienvenida a la vida. Yo diría que no: hoy más que nunca es posible acoger a los niños por nacer, porque también contamos con recursos, conocimientos y herramientas que antes no existían”.

El ex legislador también puso el foco en la responsabilidad del Estado y de la sociedad en su conjunto: «El Estado ha nacido para defender a los más débiles. ¿Y qué hay más débil que un niño en el seno de su madre? Esa es la pelea que hay que dar. Algunos creen que, porque ya es ley, hay que mirar para adelante. Pero justamente porque es ley, debemos dar la discusión: no es lícito eliminar a los miembros más débiles de nuestra sociedad”.

Las cifras, en este sentido, reflejan una realidad preocupante. Solo en Córdoba, en los últimos cuatro años, se registraron más de 40 mil abortos realizados al amparo de la ley, en un país que además presenta una tasa de natalidad en descenso.

Frente a este escenario, Agrelo insistió en la necesidad de volver a instalar el tema en la agenda pública y promover una participación activa de la ciudadanía: “Hay que volver a poner este tema en la agenda pública. Eso implica movilizarse, expresarse, involucrarse en cada ámbito. Nosotros, por ejemplo, hemos propuesto en la Legislatura la suspensión de las prácticas de aborto en la provincia, basándonos en facultades constitucionales propias. Y logramos que el debate vuelva al recinto. Esa es la tarea: dar la discusión en todos los espacios posibles”.

Asimismo, subrayó que la defensa de la vida no se agota en lo legislativo, sino que comienza en lo cotidiano y en el compromiso personal: «Lo primero es preguntarse qué está a mi alcance. La vida humana se cuida en muchos lugares: en hogares de madres, en instituciones que acompañan a personas vulnerables, en familias que sostienen situaciones difíciles. Participar de esa ‘cultura de la vida’ es fundamental. A veces es tiempo, otras veces es cercanía o ayuda concreta. Y también es importante mirar cómo votamos, porque el voto tiene consecuencias”.

Finalmente, adviertió sobre el trasfondo cultural del debate y la necesidad de un cambio profundo de mentalidad: “Hay una naturalización del aborto, como si no tuviera consecuencias, y eso es falso. Tiene consecuencias profundas, humanas, emocionales y sociales. Además, estamos frente a una crisis demográfica: cada vez nacen menos niños. Esto no es solo un problema político, es un problema cultural. Se ha instalado la idea de que tener hijos es una carga, cuando en realidad es un acto enorme de generosidad. Un hijo es, quizás, el mejor antídoto contra el egoísmo”.

En este tiempo de reflexión, la Anunciación vuelve a presentarse como un signo de esperanza y como una invitación a redescubrir el valor de cada vida humana, especialmente la más frágil, en el corazón mismo de la sociedad.