09/04/2026 – La inflación volvió a marcar un ritmo preocupante durante marzo en Argentina, impulsada por una combinación de factores tanto internacionales como locales que impactan de lleno en la economía cotidiana de las familias.
Según el último relevamiento del Instituto de Estadísticas y Tendencias Económicas y Sociales del Centro de Almaceneros de Córdoba, el índice registró una suba del 3,3%, superando nuevamente el umbral del 3% y encendiendo señales de alerta.
El conflicto bélico en Medio Oriente aparece como uno de los principales detonantes, especialmente por su impacto en el precio de los combustibles, que registraron fuertes aumentos y terminaron trasladándose a toda la cadena de bienes y servicios. A esto se suman factores internos, como la suba de tarifas en servicios públicos y la quita progresiva de subsidios, que también presionan sobre el costo de vida.
En diálogo con Vanesa Ruiz, gerente del Centro de Almaceneros de Córdoba, se profundiza en las causas y consecuencias de este escenario. Según explica, “este marzo recién finalizado nos deja un 3,3% de inflación, principalmente porque muchos de los rubros tuvieron una alta ponderación… uno de los más importantes fue educación, con un impacto del 7%, seguido por vivienda, agua, electricidad y combustibles con un 5,6%” .
El aumento en los combustibles, vinculado directamente al contexto internacional, tuvo un efecto multiplicador sobre toda la economía. Como señala Ruiz, “recordemos el incremento que tuvo el combustible en la Argentina por el conflicto internacional, elevando los costos del petróleo, y eso impacta en transporte, logística y distribución de alimentos” , evidenciando cómo una crisis global termina repercutiendo en la vida cotidiana.
El dato adquiere mayor gravedad cuando se observa el acumulado del año: “este primer trimestre nos lleva a un 9,2% de inflación acumulada… prácticamente ya se consume lo proyectado en el presupuesto anual” , lo que anticipa un escenario complejo si la tendencia se mantiene.
Pero más allá de los porcentajes, el impacto real se mide en la economía de los hogares. Ruiz lo expresa con claridad: “hoy una familia necesita 1.828.629 pesos para no caer bajo la línea de pobreza… y más de un millón de pesos solamente para cubrir la canasta básica alimentaria” . Estas cifras reflejan una realidad cada vez más exigente, donde los ingresos no logran acompañar el ritmo de los precios.
En ese sentido, los datos sobre consumo y acceso a los alimentos resultan especialmente preocupantes. “el 57% de las familias nos dice que no pudo acceder a todos los productos de la canasta básica alimentaria… y dentro de quienes sí lo logran, el 71,2% lo hace con ayuda estatal” . A esto se suman situaciones críticas: hogares que reducen comidas, personas que sienten hambre y familias que deben recurrir a pedir ayuda para alimentarse.
El panorama también golpea al comercio: “tenemos una caída de ventas del 8,1% interanual… esto, sumado al aumento de costos fijos, está afectando seriamente la supervivencia de muchos negocios” , advierte Ruiz.
En definitiva, la inflación no es solo un indicador económico, sino un fenómeno que atraviesa la vida diaria, condiciona el consumo, deteriora el poder adquisitivo y profundiza las desigualdades. En un contexto global incierto y con desafíos internos aún pendientes, el dato de marzo se presenta como una señal clara de que el camino hacia la estabilidad sigue siendo complejo y exige respuestas integrales.