lunes, 6 de agosto de 2018

” La Iglesia los considera mártires porque sus muertes están asociadas a la muerte de Cristo” Monseñor Marcelo Colombo en la fiesta de los mártires riojanos

lunes, 6 de agosto de 2018
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06/08/2018 – Ayer a la vera de la ruta de Punta de Los Llanos, el lugar donde Monseñor Angelelli fue asesinado el 4 de agosto de 1976 por la dictadura militar, se realizó una celebración eucarística a 42 años de su martirio. La celebración integra el martirio del obispo riojano, de los padres Carlos Murias y Gabriel Longueville y el laico Wanceslao Pedernera.

Allí Monseñor Marcelo Colombo, hasta ahora obispo de La Rioja quien prestará servicio como Arzobispo de Mendoza, dijo que “la Iglesia los considera mártires porque sus muertes están asociadas a la muerte de Cristo. Etimológicamente mártir significa testigo”

Enrique, Carlos, Gabriel y Wenceslao fueron mártires a causa del odio que impulsaba a quienes decidieron matarlos, desde el escritorio, diseñando y decidiendo los crímenes, o más concretamente, empuñando las armas homicidas. Pero en el horizonte de la entrega de nuestros mártires, sólo estaba el amor. Amor a Dios y a su Pueblo.

 

 

 

Mis queridos hermanos,

Venimos a este lugar del martirio de Mons. Angelelli para evocarlo en torno a la Eucaristía, sacrificio de Cristo para la vida del mundo. Hoy especialmente, el testimonio de Mons. Angelelli compromete la mirada de nuestro corazón para evocarlo y asumir su mensaje como un legado sagrado que nos interpela y alienta nuestro seguimiento de Jesucristo como parte de su Iglesia. Mons. Angelelli, buen Pastor, nos honró con la entrega ejemplar de su vida y de su ministerio. Sí, ejemplar. Digna de imitar. Transparente y pura. Aunque no puedan verla los omnipotentes de siempre, los que juegan a ser Dios, los que explotan a sus hermanos, los que se creen superiores.

1- Cristo, Pan Vivo que nos sacia

Si a Israel, Dios no quiso hacerle pasar hambre lo proveyó de un alimento simple y sustancioso, a nosotros nos dio a su propio Hijo, Pan de Vida, que nos alimenta para que tengamos vida y vida en abundancia. Él sacia nuestra hambre y nuestra sed más hondas porque viene a nuestro encuentro conociéndonos y amándonos en nuestra realidad más profunda, aquella que sólo Él conoce.

Para todos los cristianos, el encuentro con Cristo, el Pan Vivo bajado del cielo, nos constituye en personas nuevas, capaces de desandar los caminos más plenos porque Dios va con nosotros y nos invita a seguirlo y a servirlo en los más pobres y necesitados. Es un pan que nos alimenta y nos hace nuevos en Él, el eternamente joven: “Dios no quiere que seamos interiormente viejos, arrastrando rutinas y sin esforzarnos por cambiar de actitud. Cristo nos dice que lo que quiere el Señor es esto: que creamos en el que él mismo nos ha enviado y que se llama Jesús, que es el pan de vida, verdadero pan del cielo.” (Homilía del domingo 5 de agosto de 1973)

2- Angelelli, mártir de la Iglesia por amor a Dios y a su pueblo

La Iglesia, a través del decreto del 8 de junio pasado del Papa Francisco, ha reconocido el martirio de Mons. Angelelli y sus compañeros, Carlos, Gabriel y Wenceslao. Nos emociona que así como Cristo se entregó por amor a nosotros, la entrega de nuestros mártires riojanos los unió fuertemente a Él para darnos vida entonces y ahora, como Iglesia de la Cruz y de la Pascua.

¿Pero qué es el martirio? Con la ayuda de los teólogos podemos comprender mejor. “El martirio por excelencia es el de Cristo. Él entrega voluntariamente su vida para dar testimonio del amor misericordioso del Padre. Muchos otros en la historia han entregado su vida por Jesucristo o por encarnar sus enseñanzas. La Iglesia los considera mártires porque sus muertes están asociadas a la muerte de Cristo. Etimológicamente mártir significa testigo. Como Cristo, que es el “testigo fiel” (Apoc. 1,5), digno de fe, que da fe del amor de Dios y este testimonio provoca en nosotros la fe. Del mismo modo, la sangre de los mártires mezclada con la de Cristo suscita nuestra fe, hace creíble la Buena Noticia que trajo Jesús y que la Iglesia transmite. Bien lo entendía Tertuliano cuando plasmó la inspiradora sentencia: “sangre de mártires, semilla de cristianos” (…) el Concilio Vaticano II aportó una visión propia del martirio (…) el acento no está tanto en la profesión de fe del mártir sino en el amor que está en la base del testimonio del santo (…) Lumen Gentium 42 al hablar de martirio (…) prefiere hablar de martirio como signo del amor que se abre hasta hacerse total donación de sí “ (cf. Q. Bianchi, ¿Qué es el martirio “odium fidei”?; R. Fisichella, Voz: Martirio en Nuevo Diccionario de Teología Fundamental, Paulinas, 1992).

Enrique, Carlos, Gabriel y Wenceslao fueron mártires a causa del odio que impulsaba a quienes decidieron matarlos, desde el escritorio, diseñando y decidiendo los crímenes, o más concretamente, empuñando las armas homicidas. Pero en el horizonte de la entrega de nuestros mártires, sólo estaba el amor. Amor a Dios y a su Pueblo. “Cielos nuevos y tierras nuevas” era la meta de quienes soñaron una Iglesia que tradujera concretamente el Evangelio del Reino de Dios.

Atragantados en su rencor o su visión distorsionada de la realidad, algunos siguen mancillando con palabras groseras y explicaciones inverosímiles los acontecimientos que provocaron la muerte de nuestro obispo mártir; nos duele que todavía quieran detener el camino de una Iglesia en salida, fecunda porque acoge a todos sus hijos e hijas, especialmente los más pobres y excluidos; una Iglesia que desea prolongarlo el espíritu de sus celebraciones y fiestas religiosas en obras de caridad y solidaridad cristianas. A esta Iglesia hoy nos está invitando el Papa Francisco; es la Iglesia que Mons. Angelelli anticipó con su vida, con su ministerio y con su martirio, desplegando un intenso proyecto pastoral nacido “con un oído en el Pueblo y con el otro oído en el Evangelio”, consustanciado fuertemente de los aportes del Concilio Vaticano II cuya frescura y urgencia fueron captadas vitalmente por nuestro obispo mártir.

 

3- Angelelli, hombre de paz

Finalmente, hoy me gustaría recordar con sencillez que Mons. Angelelli ha sido un hombre de paz, un servidor de la paz, que anunció la necesidad de la reconciliación nacional no como una amnesia que alcanzara hechos graves para la vida del pueblo, sino como un trabajo arduo pero necesario para vivir en sintonía con la fe profesada.

“En estos momentos estoy acusado de ser un obispo rojo, marxista, de extrema izquierda; de llevar a la iglesia – concretamente a la diócesis de La Rioja – por caminos tortuosos y no por los verdaderos caminos de la fe cristiana, del Evangelio. Se me acusa de meter ideas, traer gente y armar organizaciones de tipo subversivo so pretexto de la vida pastoral. Trato de comprender a quienes en este momento de tanta intransigencia actúan así. Creo que la inmensa mayoría de ellos, por desconocimiento de su propia fe, desconocen la naturaleza de la iglesia y la profundidad de los problemas que vive la comunidad riojana, ignoran el contexto nacional, latinoamericano y mundial en que estamos viviendo. En el fondo es el rechazo al cambio que se está operando en el mundo”. (Revista Crisis 1973).

“Nos urge hacer un alto en este alocado camino emprendido (…) pedimos a Cristo (…) que dé su paz, su luz y su gracia a los hogares riojanos, bendiga la patria y nos haga a todos fieles y constantes constructores de paz” (Mensaje de Navidad, 24 de diciembre de 1975)

Cuando pienso en tantas injurias gratuitas, tanto odio destilado a pesar de los años transcurridos desde la muerte de Mons. Angelelli, me pregunto por la causa de tanta ceguera irracional, de tanta pretensión de manipular la historia para justificar la muerte y el sometimiento de la población por el terror y la miseria económica, no encuentro explicaciones y llego a descubrir que es porque en su persona confluyen el pastor auténtico y el profeta verdadero que los dejó al descubierto, desnudando con su franqueza y coherencia de vida, sus intenciones y sus prácticas religiosas y vacías.

Hermanos: el 8 de junio el Papa Francisco nos invitaba a celebrar el martirio de los testigos riojanos. Cuando llegue el momento de la beatificación, seguramente el próximo año, ya se habrán dado los pasos de la organización de esa gran fiesta en que la diócesis acogerá a hermanos de todo el país que vendremos a unirnos a esta alegría. Para entonces, la espiritualidad y la liturgia en una misma dirección nos permitirán vivir y vibrar en un acontecimiento que fortalecerá a la comunidad cristiana en la contemplación de la buena nueva del Reino de Dios presente en sus mártires, Enrique, Carlos, Gabriel y Wenceslao.

Para mí llega el momento de partir, de agradecer a Dios por haber sido parte de esta bendita Iglesia martirial en estos años que nos permitieron ver definitivamente la luz, a través de la sentencia del tribunal oral federal que declaró las causas del asesinato de Mons. Angelelli y por medio del proceso canónico que probó el martirio que padecieron él y sus compañeros mártires.

Los sacerdotes pronunciamos un día nuestra disponibilidad a Dios y a su Iglesia. Aquel sí, en mi caso de hace casi treinta años, me lleva hoy a Mendoza a continuar contribuyendo al anuncio del Reino de Dios. El sabor amargo de la partida se ve fuertemente atenuado con la amistad crecida con tantos de Uds., muchos de La Rioja pero también de tantas otras comunidades, todos desconocidos para mí hace cinco años y que ahora forman parte de mi corazón como un tesoro único, regalo de nuestros amigos Jesús y Enrique. Son como aquel “avío del alma” que nos propone el P. Julián Zini, ese atadito con cosas de valor personal que me seguirá acompañando de mi camino de pastor.

Dios bendiga a La Rioja, a sus comunidades, a sus familias, a sus jóvenes, a sus pobres. Dios bendiga a la Iglesia riojana, argentina y universal. Que ellas se renueven a la luz del testimonio de quienes la sirvieron hasta derramar su sangre por puro amor.

Punta de los Llanos, 5 de agosto de 2018

+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo