Lunes, 30 de octubre de 2017

“Hace más de 40 años que escucho la misma frase: padre, tengo hambre”

Lunes, 30 de octubre de 2017
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30/10/2017 – En la Argentina se desperdician 16 millones de toneladas de alimentos por año, de los cuales 14,5 millones se pierden en el proceso productivo y 1,5 millones de desperdician en el consumo final. Los datos son dramáticos si se considera que uno de cada tres argentinos es pobre y que el 6,3 por ciento de la población es indigente. Además, uno de cada cinco niños en el país padece problemas de nutrición cada día, conforme al Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina.

La inseguridad alimenticia a nivel mundial es una de las preocupaciones principales del Papa Francisco, a tal punto que, ya allá por el año 2013, se expresó en contra del desperdicio de alimentos que se registran en todos los países del mundo. Literalmente el Pontífice expresó que “Tirar comida es como robar de la mesa de quienes son pobres y tienen hambre”.

Quien conoce esta realidad de primera mano es el sacerdote argentino Pedro Opeka que vive hace 47 años en el país africano de Madagascar, donde desde 1989 maneja la “Asociación Humanitaria Akamasoa”, que se dedica a ayudar a la gente que está en situación de pobreza aplicando la doctrina social de la Iglesia. Desde su desembarco a la isla, fundó 18 barrios sobre unas colinas que antes eran utilizadas como basurales.

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Madagascar: la tercer isla más pobre del mundo

 

En diálogo con Radio María Argentina, Luba Opeka, hermana del Padre, quien viene realizando un trabajo Social en la isla africana de Madagascar, manifestó que la OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró en emergencia el lugar ya que hay más de 200 muertos por la peste bubónica, una enfermedad infecciosa que suele encontrarse en pequeños mamíferos y en las pulgas que los parasitan. “Es una enfermedad de la Edad Media que todavía existe por la falta de agua” sostuvo la hermana. En ese contexto, Luba contó que “el padre Pedro viaja a varios países de Europa para buscar ayuda para paliar un poco el hambre en su comunidad de Madagascar que es la tercer isla más pobre del mundo. En este lugar comen sólo arroz pues es lo único que ellos pueden sembrar es sus tierras”.

Luba relató que, esta paradoja de países en donde se tira la comida y países en donde la gente muere de hambre “es vivida por el padre Pedro trabajando, luchando día a día para mejorar la condición nutricional de su pueblo.”

La hermana del sacerdote argentino compartió que, en ocasión de una ceremonia de premiación a la cual concurrió su hermano, en el discurso que brindo dijo “hace más de 40 años que escucho las mismas frases “padre, tengo hambre”, “ayúdeme, estoy enfermo”, “necesito trabajar”, “necesito una casa”, “no tengo para comer”. Para Luba “esta experiencia demuestra que es una lucha día a día para lograr erradicar el hambre en esta parte del planeta mientras que, en otras regiones del globo la comida es desechada”.